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La
historia no sería la misma sin los aportes de esta
maravillosa tierra a la cultura del Perú. Hace miles
de años, a pesar de la aridez del territorio, los
pobladores establecidos en esta parte de la costa central
desarrollaron tres de las mayores culturas preincaicas del
sur peruano: Paracas, célebre por sus inigualables
tejidos, tumbas y trepanaciones craneanas; Nazca, nombre
que remite inevitablemente a las líneas del calendario
astronómico más grande del mundo; y Chincha,
civilización de grandes navegantes, orfebres, artesanos
y agricultores. Además, el pisco, el vino y el algodón
peruanos nacieron en Ica. Años después, sus
costas también vieron desembarcar al Ejército
Libertador del general San Martín.
Hoy, la imagen de la laguna de Huacachina surge rápidamente
al evocar los lugares de interés del departamento.
Sin embargo, éste posee otros atractivos mayores
que el paradisíaco oasis rodeado de dunas, huarangos
y palmeras. Por un lado, Paracas, donde se encuentran las
islas Ballestas y San Gallán, considerada la más
grande reserva nacional de especies de flora y fauna marinas.
Por otro lado, la vida que se respira en sus pueblos, haciendas,
bodegas vitivinícolas y valles, junto a sus tradiciones
y gastronomía, asegura una calidez incomparable en
sus habitantes, quienes hacen de este departamento uno de
los más acogedores y festivos del país.
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La fiesta de la Primavera se celebra en todo el país
y con especial colorido en las regiones de la selva, pero
es la de Trujillo, ciudad capital del departamento de La
Libertad, la que alcanza mayor esplendor. La marinera norteña,
que siempre se baila en pareja, batiendo al aire un pañuelo
con la mano derecha para llevar el compás, es la
danza más vinculada a esta fiesta; durante estos
dìas se realizan diversos torneos de sus múltiples
variantes. En la semana de la fiesta todas las calles y
las casas se llenan de adornos, se realizan desfiles de
carros alegóricos y bailan por las calles cuadrillas
de escolares encabezados por la Reina de la Primavera, quien
siempre está flanqueada por waripoleras de diversas
partes del mundo, que vienen para mostrar sus espectaculares
habilidades.
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El
departamento de Junín encierra en su territorio una
de las más significativas muestras de sincretismo
de las tradiciones andinas con las españolas llegadas
a partir de 1532. Esta conjunción de elementos se
observa en sus fiestas patronales, ritos y costumbres, que
son celebrados con gran regodeo y solemnidad, como el culto
al Señor de Muruhuay. En la actualidad, el departamento
de Junín es un gran emporio comercial gracias a sus
centros de producción mineros (La Oroya) y a sus
extensos valles agrícolas, como el Mantaro, Chanchamayo,
Satipo y La Merced. También es el centro de desarrollo
folclórico y de producción artesanal más
importante del centro del país: sus tejidos, mates
burilados, artículos de platería y orfebrería
están en las principales colecciones del mundo y
también —no podía ser de otra manera—
en sus habituales ferias dominicales.
Por otro lado, Junín siempre está dispuesto
a revelar la belleza de su paisaje natural en la diversidad
de regiones y territorios que posee. Desde la fría
puna hasta la exuberante selva y desde los más altos
picos hasta los llanos de Chanchamayo, el departamento ofrece
al visitante y al viajero de toda edad la más completa
gama de servicios para disfrutar de una estadía confortable,
con inolvidables momentos de entretenimiento y sosiego.
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